Países

BRASIL

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La misión CICM comenzó en 1963 en Nova Iguaçu en las parroquias Santa María y del Buen Pastor. Desde comienzos de su presencia, los misioneros tomaron en consideración las actividades sociales, la liturgia y un centro pastoral llamado C.E.P.A.C. (Centro de Pastoral Catequética), cuya influencia pronto se extendió a todo el país.

La misión tuvo una gran expansión y los misioneros tuvieron en cuenta los contextos sociopolítico, económico y cultural en los que eran llamados a anunciar la Buena Nueva. Ellos se integraron muy rápidamente como miembros de una Iglesia local llamada a afrontar una realidad hostil de pobreza, de asesinatos, de secuestros militares, de torturas, etc. La misión crecía comprometiéndose con el pueblo en su búsqueda de liberación, de justicia y de paz. La evangelización les ha permitido descubrir más profundamente la dimensión social y política de la fe formando la conciencia el pueblo en el contexto latinoamericano.

Actualmente, son 33 los CICM que están en Brasil, repartidos en cinco diócesis (Belo Horizonte, Duque de Caxias, Itabira-Fabriciano, Marabá y Nova Iguaçu.). Las prioridades misioneras son tres: presencia misionera en los centros urbanos y en la región de la Amazonia con el fin de responder a los problemas que provoca el éxodo rural de los pobres hacia los centros industriales urbanos.

A través de esta presencia, los misioneros buscan acompañarlos dentro de una comunidad eclesial acogedora y ayudarles a encontrar su identidad en tanto que individuos, ciudadanos y cristianos. La segunda prioridad es la opción por la justicia y la paz por la que la Congregación busca comprometerse en la promoción de los derechos humanos y de la integridad de la creación, con una atención especial a las minorías étnicas, tal que los “Noirs”. La tercera prioridad es la animación misionera y vocacional en la Iglesia local para la cual los misioneros buscan asumir su rol al interior de la Iglesia universal y animar la Iglesia local en su espíritu misionero ad intra y ad extra.

GUATEMALA

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Los primeros misioneros CICM llegaron a Guatemala el 13 de abril de 1955 y se instalaron en las parroquias de Palín, Tiquisate, Puerto San José y La Democracia (Departamento de Escuintla). Poco a poco fueron llegando más misioneros lo que permitió que a fines de 1956 la Congregación tuviera bajo su dirección todo el Departamento de Escuintla.

En 1958 la presencia se extendió a Las Verapaces. Aquí, los misioneros se esmeraron en aprender el Q´eqchi´ y Poqomchi´ con el propósito de anunciarles a los habitantes el evangelio en su propia lengua y animarles a vivir con orgullo su identidad étnica y cultural.

En 1961 la presencia se extendió al Departamento de Santa Rosa. En 1962 se asumió la parroquia de El Buen Pastor en la zona 12 de la Ciudad Capital.

En 1966 se construyó el Centro Emaús, uno de cuyos objetivos era ofrecer a jóvenes y adultos, la posibilidad de conocer mejor su fe y sensibilizar al laicado sobre los problemas sociales. Otro objetivo es que fuera un espacio de dialogo y de colaboración para la renovación eclesial.

La presencia en Escuintla culminó con el martirio de tres CICM: el Padre Conrado de la Cruz (filipino), secuestrado el 1 de mayo de 1980. El Padre Walter Voordeckers (belga), asesinado el 12 de mayo de 1980. Y el Hermano Sergio Berten (belga), secuestrado el 19 de enero de 1982.

La presencia en la Ciudad Capital, se fue extendiendo a zonas marginales, habitadas mayoritariamente por indígenas que huían del conflicto armado interno. Este esfuerzo tuvo su momento más doloroso con el asesinato del Padre Alfonso Stessel (belga), en Tierra Nueva 1 (Chinautla), crimen cometido el 19 de diciembre de 1994, atribuido a bandas juveniles.

La mala distribución de la riqueza, la corrupción, la discriminación de la población mayoritariamente indígena y la pobreza generalizada muestra la trágica situación de los guatemaltecos.

Actualmente son 8 los CICM que están en Guatemala, presentes en dos diócesis: la Arquidiócesis de Guatemala y la Diócesis de Las Verapaces. Sus prioridades misioneras son dos: La presencia entre los mayas y el trabajo en las áreas marginadas de la Ciudad Capital.

HAITÍ

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La misión comenzó en octubre de 1953 en la diócesis de Cap-Haitien. Poco a poco la misión se fue extendiendo a las diócesis de Gonaïves, Plateau Central y la Arquidiócesis de Puerto Príncipe, que pidió que tomaran bajo su cargo la Isla de La Gonâve.

La misión conoció una gran expansión y una rica actividad pastoral que tenía en cuenta el desarrollo de la persona en el contexto duvalierista. En su deseo de acompañar al pueblo y de promover la causa de los pobres, se fundó en 1970 el Centro Emaús de Papaye, un centro catequético permanente que visualizaba no sólo la formación de cristianos, sino también la formación de líderes, la alfabetización, etc.

En 1960 se fundó un movimiento para los jóvenes llamado KIWO, adaptando el movimiento católico Chiro al contexto de Haití en vista de animar, encuadrar y formar a los jóvenes.

En 1967 se fundó la revista mensual Bon Nouvel en creole dentro de la preocupación de darle valor a la lengua del pueblo, proporcionar informaciones y material de lectura a la población alfabetizada.

Actualmente son 26 los CICM presentes en Haití, repartidos en 3 diócesis (Cap-Haitien, Fort-Liberte y Port-Au-Prince). Las prioridades misioneras son tres: Kiwo por el cual la Congregación quiere responder a la formación y al acompañamiento de los jóvenes, la revista Bon Nouvel, que es una respuesta a la necesidad de alfabetización e información en la lengua del pueblo y el trabajo de Justicia y Paz, que como orientación pastoral quiere ser una respuesta a la sed de justicia que tiene el pueblo haitiano.

MÉXICO

Imagen Ayotzinapa

La presencia CICM en México empezó en 1979 cuando se abrió en la Colonia La Pastora (Ciudad de México), una casa de formación para que los jóvenes que vendrían a trabajar a América Latina y el Caribe hicieran sus estudios teológicos.

A mediados de la década de los 80´s algunos compañeros de Guatemala llegaron a México huyendo de la persecución. Algunos se establecieron en la Colonia Zacatenco (Ciudad de México), y otros en el estado de Chiapas. La intención de establecerse en Chiapas era para trabajar con los refugiados guatemaltecos; sin embargo, por su condición de extranjeros, no se les permitió trabajar con ellos. De ahí que optaron por asumir la responsabilidad de algunas parroquias de la diócesis de San Cristóbal de las Casas para liberar a algunos sacerdotes mexicanos a fin de que ellos trabajaran con  los  refugiados guatemaltecos.

En Julio de 1990 se expulsó a Marcelo Rotsaert a causa de su trabajo en una de las parroquias de la diócesis de San Cristóbal de las Casas. Desde su parroquia lo trasladaron directamente al aeropuerto de la Ciudad de México. No se le permitió siquiera hacer sus maletas. Él era el último sacerdote CICM que estaba trabajando en Chiapas.

En 1989 se cayó en la cuenta de que los estudiantes de la casa de formación necesitaban un lugar para realizar su compromiso pastoral y se aceptó la Cuasiparroquia de la Divina Providencia en Cuatepec Barrio Alto (Ciudad de México) y se erigió el Distrito Autónomo de México.

En 1996 el Gobierno General cambió el decreto de erección del Distrito Autónomo, el cual dejó de existir únicamente en función de la comunidad de formación inicial y se declaró el país como territorio de misión y se aceptó la Parroquia de Temalacatzingo, en la Diócesis de Tlapa (Estado de Guerrero).

En 2003 la Casa de Formación se traslada de La Pastora a Tlalpan (sur de la Ciudad de México) la cual se cerró definitivamente en 2005. En 2004 se aceptó la parroquia Nuestra Señora del Consuelo en la Arquidiócesis de México y en mayo de 2012 se aceptó la parroquia de Cualac en la Diócesis de Tlapa.

Actualmente son 8 los CICM en México distribuidos en dos diócesis: La Arquidiócesis de México y la Diócesis de Tlapa. Las prioridades misioneras son tres: El trabajo en la periferia de la gran urbe, la presencia entre los indígenas náhuatl y la pastoral penitenciaria.

REPÚBLICA DOMINICANA

FOTO HAITILa La misión CICM comenzó en enero de 1958 en la parroquia de Tamayo. Un  año después su presencia se extendió a Neiba y en 1961 a Duvergé. Estas parroquias están ubicadas en el Sudoeste, la región más empobrecida del país. Además en esta región, miles de haitianos trabajan temporalmente en las plantaciones de caña de azúcar, viviendo en condiciones miserables en campos de segregación llamados “bateyes”.

Años más tarde se creó la Pastoral Haitiana y uno o dos CICM fueron asignados, a tiempo completo, a la misma. El objetivo de esta pastoral es acompañar a los haitianos que viven en los bateyes en su lucha por la supervivencia y a su integración en la sociedad dominicana.

En 1966 la misión se extendió a los barrios marginados de Santo Domingo, la capital, comenzando en Manoguayabo y en 1968 en Herrera.

En 1970 se fundó en Tamayo la emisora Radio Enriquillo, con un mensaje de liberación dirigido sobre todo a los pequeños agricultores del Sudoeste. Es la voz de los sin voz, en contra de las injusticias, la opresión y la explotación.

El grupo llegó a estar constituido por más de 30 misioneros, pero hoy son sólo 17, repartidos en 4 diócesis: Barahona, Santo Domingo, San Francisco de Macorís y San Pedro de Macorís.

Desde sus inicios en República Dominicana, los CICM siempre han estado involucrados en temas de JPIC, luchando contra las injusticias de todo tipo sobre todo a través de las comunidades eclesiales de base. La Comisión de JPIC se fundó en 1989 con el fin de ayudar a los compañeros en sus actividades y compromisos de JPIC.

Las asambleas generales (dos veces al año) comienzan siempre con un experto que ayuda al grupo a analizar la coyuntura. Una de las sesiones en estas asambleas se dedica a cuestiones de JPIC y hay un intercambio informativo de los últimos acontecimientos de JPIC en las parroquias y comunidades CICM.

Las prioridades misioneras son tres: Una presencia misionera en las zonas marginadas que busca animar, concientizar las comunidades eclesiales y formar líderes; la animación misionera en la que se busca estimular la Iglesia local para la dimensión universal de la misión ad intra y ad extra y la pastoral dominicano-haitiana en la que se busca crear un espíritu de fraternidad entre haitianos, haitiano-dominicanos y dominicanos.