DESTINO POLÍTICO DE BRASIL: ELECCIONES 2018


PRIMERA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

Estamos casi a finales de septiembre.El Domingo, 07 de octubre será la primera vuelta de las eleccionespresidenciales. Como es difícil que un candidato sea elegido en la primera vuelta,el domingo 28 de octubre será la fase final entre los dos candidatos mejorubicados. ¿Qué nos reservan estas elecciones?

Lo primero que se necesita es situar el contexto político de Brasil. Hace cuatro años, con la victoria de la presidenta Dilma Roussef, Brasil había conocido una fuerte segregación que condujo al odio político y de clase, como se reveló en los años siguientes, hasta el “empeachment” de Dilma, orquestado por la coalición de la derecha y aquellos en el poder que temían verse transferidos a la justicia, debido a la forma en que Dilma dejó la policía federal con las manos libres para conducir las investigaciones contra los políticos corruptos en el cargo, ya sea en el congreso o en la administración provincial. A partir de entonces, el discurso giró en torno a “pedaladas”, para decir que Dilma abusó de la administración financiera manipulando las cuentas. Esto le valió la destitución de la presidencia de la República.

No hace falta ni decir de las manifestaciones organizadas por la clase dominante para expulsarla del poder. Al final, no sólo lograron destituir a Dilma, sino que también hicieron todo lo posible para condenar a Lula, que gozaba de la consideración entre el pueblo, haciendo inválida su candidatura. Será necesario mencionar que si Lula pudiera competir en las elecciones, el sería inevitablemente elegido ya que encabezaba todas las encuestas electorales para la presidencia, incluso estando en prisión.

Actualmente nos encontramos frente a un escenario que cuestiona las razones que apoyaron la caída de Dilma. Con Michel Temer en el poder, el país ha experimentado una regresión a causa de su política antisocial (Reforma del Código del Trabajo, congelación del gasto público por un período de 20 años, Reforma del sistema de educación, las tentativas para aprobar la Reforma de Previsión social, el aumento de los precios de los productos de primera necesidad …). La prueba es que la encuesta CNI / Ibope publicada por el periódico O Tempo el jueves 27/09 califica al gobierno como el peor (82% de la población) que ha existido desde la redemocratización del país.

Estamos, sin embargo, en las primeras elecciones después de estas derivas políticas. ¿Sabremos escapar de este laberinto? ¿Es que el momento actual, frente a todo este escándalo, promete un cambio?

Entre los 13 candidatos en las elecciones presidenciales del 2018, podemos contar cinco que han intentado superar las encuestas hasta el momento: Jair Bolsonaro con 27%, PSL; Fernando Haddad 21%, PT; Ciro Gomes 12%, PDT; Geraldo Alckim 8%, PSDB; Marina Silva de Rede 6%, de las intenciones de voto para la primera vuelta. La batalla está centrada sobre una posible entrada en la segunda vuelta. Y los debates, así como las acusaciones, se multiplican en el contexto de proyectos políticos que no están del todo claros.

El candidato del PSL, Bolsonaro, es de la línea dura, que ofrece un combate contra el bandidismo. Tiene una inclinación hacia el régimen militar del que él mismo forma parte. Él hizo, como diputado a la Asamblea Nacional, declaraciones muy polémicas contra los homosexuales, la violencia contra las mujeres. Él es de la clase élite y su pensamiento político va de la par con el de su vice, quien ha pretendido que los vientres de las mujeres pobres son el semillero de la delincuencia. Fue atacado durante la campaña en Juiz de Fora por Adélio Bispo, quien lo apuñaló en el estómago. Este último se defendió por el odio del que es responsable el candidato.

Fernando Haddad, de PT, tuvo la oportunidad una vez que la candidatura de Lula no fue validada, para heredar las intenciones de voto de Lula que, últimamente, la impulsa pasando del 9% al 21% de las intenciones. Él encarna el discurso de la izquierda que mejor se identifica con el pensamiento de la mayoría de los brasileños de clase baja que han visto cómo sus vidas mejoran significativamente con el fenómeno de Lula en el poder. Por lo tanto, es cuestión de transferir los votos. ¿Durará esto hasta el final? El futuro cercano nos lo dirá.

Ciro Gomes, de PDT, se coloca no solamente entre Bolsonaro y Haddad, sino que también sería una alternativa en caso de que la izquierda de Haddad no continúe en la segunda vuelta. Sería difícil, pero no imposible. Alckim de PSDB y Marina Silva de Rede de Sustentabilidade también están en la carrera. El primero sería el heredero de Fernando Henrique Cardoso, el primer presidente electo de Brasil. Cristiano católico de la derecha, no despega en las intenciones de voto. Marina Silva tampoco va muy lejos. Esta es la tercera vez que se postula para la presidencia. Ella parece que no tiene facilidad para convencer al electorado. Hay otros candidatos que son menos considerados, incluido el delfín del actual presidente que está apostando por la mejora de las condiciones socioeconómicas y la estabilidad monetaria en un país que ha rechazado claramente la política del gobierno de Temer.

En cualquier caso, si mis pronósticos son ciertos, en poco menos de dos semanas de la primera vuelta de las elecciones, los mejor ubicados son Bolsonaro, que sufre la mayor hostilidad de los votantes por un lado y, por el otro, Fernando Haddad de PT que se beneficia de los legados de Lula y Dilma. Ambos se pueden ver en la segunda vuelta. A menos que los datos cambien, principalmente con el estancamiento de Bolsonaro cuyo rechazo es notorio, a pesar de la propaganda de los principales medios de comunicación.

BRASIL, LA SEGUNDA VUELTA

¿Podemos preguntar cuál es el significado de este título? Una sola razón: las elecciones de la primera vuelta en Brasil fueron marcadas, fuera de los debates relacionados con la corrupción, por la impunidad y la amenaza de la pérdida de la democracia, por un lado, y, por el otro, los ataques que han prácticamente dividido el campo entre el candidato “abortista”, “comunista”, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), de la izquierda y Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), tratado como fascista, de la extrema derecha, de la tendencia militarista.

En total había doce candidatos que se postularon en la primera vuelta para el cargo más alto del país. Pero los dos mejores posicionados en la primera vuelta son Jair Bolsonaro PSL, con 46.03% (49,276,990 votos) y Fernando Haddad con 29.28% (31,342,005 votos). Las intenciones de voto para la segunda vuelta ya pronostican la victoria de Jair Bolsonaro, con el 57% de los votos válidos, contra el 43% de Fernando Haddad.

Las dos tendencias son realmente opuestas. Los de la extrema derecha han esgrimido contra el candidato del PT su bandera roja, lo han acusado de abortista, amigo de homosexuales, defensor de los bandidos (entendiéndose al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), el Movimiento de los Trabajadores sin Techo / sin abrigo (MTST, por sus siglas en inglés), los pobres, los indígenas, las ONG que protegen el bosque del Amazonas, en resumen, la clase baja que depende directamente de los subsidios del gobierno. Como después de las elecciones de 2014, el abismo se abrió más entre los ricos y los pobres y la hostilidad, aunque camuflada, sigue en la misma proporción.

Por otro lado, los partidarios de la izquierda acusan al candidato de PSL de masoquista, violento, fascista, amigo de la violencia contra las mujeres, los homosexuales, los pobres de las favelas, las mujeres-madres sin marido, tratadas de “vientres para la producción de la delincuencia”, etc., como lo revelan sus discursos de campaña. De hecho, el país está dividido entre petistas (simpatizantes del PT) y los anti petistas (hostiles al PT). A esto se añaden las ideologías doctrinales religiosas y políticas. Por un lado, está la defensa de la familia y sus valores atribuidos a la persona de Jair, así como el neoliberalismo económico que pregona cuando habla de la reconsideración de la demarcación de las tierras reservadas a los indígenas, su defensa de la reforma laboral, la privatización de las empresas estatales.

Esto justifica la atracción del electorado protestante, así como de los grandes capitalistas y agricultores (latifundistas).

Bajo la luz del gran día, los lideres protestantes en el congreso y los pastores le han dado abiertamente su apoyo. Por otro lado, todos aquellos que no están motivados o están en contra del PT expresan su voto de revuelta o indignación. Las últimas manchas que empañaron la imagen del partido del PT como el salvador de la patria en el pasado cercano siguen afectando a la izquierda y justificando su rechazo.

Las elecciones de la primera vuelta estuvieron marcadas por las noticias falsas. No será diferente para esta segunda vuelta. Los espíritus están tan sobrecalentados. Las manifestaciones a favor y en contra de ambos candidatos invaden las calles y avenidas de las distintas ciudades. Los ataques se multiplican. La Conferencia Nacional de Obispos (CNBB) no se salvó, al igual que el Consejo Misionero Indígena (CIMI), que fue descrito por Jair como la parte podrida de la Iglesia Católica. El domingo pasado (21 de octubre), durante la misa nocturna, antes de la bendición final de la misa que presidía en una de las principales comunidades de la parroquia, una mujer fanática hizo uso de la palabra gritando para hablar de la vergüenza de la Iglesia que defendía el aborto, el comunismo, etc.

La Iglesia también está bajo el efecto influenciada por estos maltratos: los tradicionalistas y fundamentalistas católicos han sido atrapados por el discurso de la defensa de la familia por alguien que no tiene ninguna preocupación por la familia. Y esto se nota en su forma de tratar a su propia familia. Los criterios religiosos serán determinantes para los resultados de la segunda vuelta. Algunas preguntas, sin embargo, permanecen en el aire: ¿habrá paz entre los dos partidos después que pasen las elecciones? ¿Podemos hablar de gobernanza si se socavan los cimientos de la democracia? En cualquier caso, quien quiera que salga victorioso de estas elecciones no tendrá una pieza fácil a digerir.

FINALMENTE LA CORTINA SE CAYÓ

Ninguna sorpresa.  Quizás uno podía haber esperado un vuelco de los resultados que se habían tenido en la primera vuelta. Ciertamente eso hubiese sido un milagro frente a los resultados de la primera vuelta. Pero se cayó el telón. Salimos del sopor. El sueño termino. ¡Es el final del teatro!

El 28 de octubre estará marcado, para algunos, como el comienzo de la alternancia entre la “vieja política”, entendiéndose aquellos que siempre han estado en el poder y la nueva generación que aspira al cambio. Al menos, eso es lo que uno ha constatado, incluso antes del final del recuento de los votos y de la proclamación oficial de los resultados. Euforia en el campamento del candidato Bolsonaro, que se aprovechó de poco más de la mitad del electorado brasileño, con un 55,13% de sufragio universal.

 ¿Por qué sucedió esto? ¿Qué justifica la ascensión y la elección de un personaje  desconocido para la magistratura suprema del país? Todos son unánimes al decir La gente estaba cansada de ver el viejo sistema político en boga, la imagen sucia del PT por la corrupción, la defensa de los valores conservadores de la familia, la impunidad de los abusos de la Policía en las operaciones contra bandidaje y narcotráfico … Estos son algunos de los activos que jugaron a favor del capitán retirado y todo esto enriquecido por su eslogan político: “¡Brasil por encima de todo! ¡Dios sobre todo! Esta definición y esta postura religiosa le hicieron ganar la preferencia, no solamente entre las llamadas iglesias reformistas, sino también en medio de la iglesia católica de tendencia conservadora.

Su rival, Haddad, debilitado por la imagen emblemática de la prisión de Lula, no estando en la capacidad de hacer aliados debido a la intransigencia del Partido PT de querer, a cualquier costo, postularse para la presidencia (lo que causó disensiones en el grupo de la izquierda incluso durante las campañas para la segunda vuelta), se mostró satisfecho con 47 millones de votos, o sea el 44.87% del electorado brasileño. Lo que no está mal, ya que revela, a pesar de la derrota, un gran apoyo y un rechazo a la política de Jair Bolsonaro.

Una vez más, Brasil ha optado por un partido minoritario y un candidato sin experiencia para gobernar el país durante los próximos cuatro años. A pesar de sus seis mandatos como diputado federal, el jamás ha estado frente a una función ejecutiva municipalidad. El tendrá que ver que hace  con un poco más de 13 millones de desempleados, el crecimiento económico que se anuncia es de 1.4% para 2019, la lucha contra la violencia que ha provocado 67 mil víctimas este año y la reconciliación nacional después del odio y la división durante la campaña electoral que marcó profundamente la conciencia colectiva de la sociedad.

Es hora de pasar del discurso de la campaña a la realidad que exige la función ejecutiva. La inexperiencia política en esta sentido es todavía notoria. El presidente está balanceándose entre el soma de la campaña y la responsabilidad de asumir de aquí al 1 de enero del próximo año. Algunas sugerencias sobre la composición de su gobierno, así como la fusión de algunos ministerios provocan polémicas sobre en las que el debe retractarse. En definitiva, es la victoria del cambio. ¿En que sentido? Solo Dios  sabe. Los partidos tradicionales como PSDB y PT son los que más perdieron en estas elecciones. El PMDB, que siempre ha estado presente detrás de la escena de los gobiernos hasta la fecha, no ha sangrado y ya está negociando su lugar en el nuevo mandato.

¿Fascismo o democracia? La izquierda, como el cóndor, ¿podría resurgir de las cenizas? Solo el futuro nos dará certeza sobre el camino que tomará el país. ¡Quién va a vivir, vera!

 Una foto del candidato electo a la presidencia, Jair Bolsonaro, según el periódico la BBC se destaca la imagen de su campaña simulando el fuego de ametralladoras.