CORONAVIRUS EN BRASIL: SALUD, POLÍTICA Y ECONOMÍA

La pandemia, debido a la propagación del coronavirus, ha crecido tanto que con todo derecho podemos decir: nada volverá a ser como antes. Fin de una era, comienzo de otra. ¿Cómo llamarán los historiadores a esta nueva era? En pocas palabras: se trata de una verdadera era de cambios y cambio de era impuesto por la pandemia.

Cambio de época, época de cambio. Después de esta pandemia, el mundo emergerá transformado, cambiado: nuestros hábitos, nuestros pensamientos, nuestras políticas, nuestras economías, nuestras relaciones, nuestras estructuras e instancias de toma de decisiones, nuestros usos y costumbres, nuestras creencias …

Como todos lo saben, la aparición del coronavirus en China fue algo distante y daba la impresión de que nunca llegaría donde nosotros, que era un problema de los otros. Y muchos países del mundo se comportaron de esta manera. Aquí tampoco fue diferente. Desde la aparición del primer caso en Brasil, anunciado el 26 de febrero de 2020, el de un hombre de 61 años que dio positivo regresando de Italia, el discurso fue más bien de casos importados. Con el tiempo, pasamos a las contaminaciones llamadas comunitarias o locales, lo cual provocó una cierta preocupación. La primera víctima cayó el 17 de marzo de 2020 en Sao Paulo. Debieron tomarse medidas para no llegar a la propagación a gran escala de la pandemia.

Tras lo sucedido en China y Europa, el Ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, se anticipó a hablar sobre la gravedad de la enfermedad y a su rápida propagación. Él abogaba por el aislamiento social. Mientras tanto, el presidente, que acababa de hacer una visita oficial a los Estados Unidos, prefirió seguir los pasos de Donald Trump hasta el punto de minimizar la gravedad de la pandemia. Él va incluso a hablar de una “gripezinha o resfriadinho”, dando a entender con esto que no es más que una simple gripe ordinaria.

Cuando todo el mundo sintió que el peligro se acercaba y tomó las medidas de restricción de desplazamiento, el equipo económico cercano al presidente estaba debatiendo las consecuencias de la pandemia en la economía, su peso en las actividades económicas, el desempleo, los gastos y déficits para no ir más allá del presupuesto anual e incurrir en el delito de responsabilidad fiscal.

El Congreso, a su vez, se anticipó a votar el decreto presentado por el presidente para declarar al país en Estado de Guerra. El ministro de la Corte Suprema de Justicia, Alexandre de Morães, convocó al presidente para aclarar, dentro de las 48 horas, su posición sobre el combate de la pandemia, como respuesta a la demanda presentada en su contra por el Colegio de Abogados de Brasil.

Mientras tanto, el Ministro de Salud, Luiz Henrique, interrumpe su orden de aislamiento social y otras medidas de higiene, contra la voluntad del presidente de la República, quien siempre pronunció discursos contrarios a la posición de la OMS, de los científicos y de los especialistas de la medicina. Esto no tardó en crear una crisis entre el presidente de la República y el ministro de salud. La justicia lo convocará para que reconozca lo que la OMS y los especialistas en salud proponen como medida.

El 27 de febrero, el jefe de estado restó importancia a la gravedad del virus para expresar su preocupación por el alza del dólar. El 28, desdeñó la repatriación de una familia brasileña que vivía en China para evitar poner en peligro el país. El 10 de marzo, habló de la pandemia como una fantasía de algunos medios para hacer caer el precio del petróleo. El 11 de marzo, dijo que iba a llamar por teléfono al ministro de salud para decirle que otras gripes en la historia había matado por mucho más que el coronavirus.

El 15 de marzo, durante las manifestaciones en su apoyo, declaró que no se debe caer en la neurosis, aun si él reconoce la gravedad del virus. Durante sus salidas, él no duda en estrechar la mano de su electorado. Para él son las personas mayores las que mueren y no los jóvenes. Él habla de la histeria que ha atrapado al país y manifiesta su preocupación por la crisis económica que puede terminar socavando el funcionamiento de cualquier gobierno en el mundo …

El 17 de marzo, después de haber afirmado de nuevo que hay una especie de histeria, él expresa su preocupación por la economía y critica a ciertos gobernadores que toman medidas que terminarán teniendo repercusiones negativas para el conjunto del país. Luego, el 20 de marzo, trata la pandemia de simple fiebre o resfriado. El mismo día, él reacciona: “Esperamos que en los días que vienen, el pueblo descubrirá que ha sido engañado con respecto al coronavirus. Que esto no recaiga en mí y me condene frente a millones y millones de personas desempleadas”.

El 24 de marzo, atacó la decisión de cerrar las escuelas, ya que el coronavirus atacó a los mayores de 60 años y nunca a los menores de 40. El mismo día, repite su proeza alabando sus virtudes de atleta al afirmar que el Covid-19 no es más que una fiebre. Esto le valió la crítica de criminal y una acción legal interpuesta por un diputado federal de la cual acaba de ser absuelto en la Corte Suprema de Justicia (STJ).

Hoy, el número total de muertes es de 1,084 con casos sospechosos que llegan a 20,173, la tasa de mortalidad estimada es de 4.9% (incluyendo 114 a las 24 horas del 06-07/04/2020). Ya hay víctimas entre los menores de edad. En Sao Paulo el 80% de las muertes ocurren entre jóvenes de entre 30 y 40 años. Ante esta imagen alarmante, todos los sectores de la sociedad, como la gran mayoría de autoridades y los medios de comunicación, se han alineado detrás de las recomendaciones del ministerio de salud y las normas internacionales para frenar la propagación de la pandemia. Esto ha obligado al presidente a revisar sus posiciones, aun si el continúa demostrando lo contrario con su actuar. En todo esto, está muy claro que el presidente prioriza la economía en detrimento de la vida de su pueblo.

La no observancia, por su parte, de las normas internacionales sobre la prevención (por ejemplo, sus frecuentes salidas en Brasilia, 29/03, 09, 10 y 11 de abril, para reunirse con ciudadanos en las calles de la capital, la farmacia, la panadería, etc.) continúa alimentando las críticas de especialistas y autoridades. Los gobernadores de las provincias están detrás del ministro de salud. Éste llama a la población a seguir las recomendaciones de sus gobernadores para mantener el aislamiento social y a permanecer en sus hogares.

Frente a este hecho, la crisis entre el ministro de salud, L. H. Mandetta, y el presidente Bolsonaro explotó el fin de semana cuando el presidente acusó a su ministro de falta de humildad. Él quería despedirlo. Incluso convocó a dos reuniones para tratar sobre la lucha contra Covid-19 sin la presencia de su ministro de salud. Una advertencia clara. Sin embargo, el presidente sufrió la presión de todas partes para mantener al ministro de salud en el cargo.

Frente a todo este escenario, el presidente que se obstina en escuchar a un puñado de gente de su alrededor, entre ellos a sus hijos, grupo apodado “el gabinete del odio”, se aísla cada vez más. El cuerpo médico, el ejército, el congreso, la Corte Suprema de Justicia, los gobernadores estatales, los medios de comunicación y un buen numero dentro del equipo gubernamental apoyan al ministro de salud que el lunes 06 de abril anunció el fin de su permanencia como ministro de salud.

Mientras tanto, como en otros países, el gobierno ha enviado decretos del Congreso para defender la economía y venir en ayuda de los más pobres. La sugerencia de reducción de las horas de trabajo, vacaciones pagadas, terminación de contratos de trabajo, un subsidio de 200 reales (aproximadamente US $ 40.00 al día de hoy), un subsidio estatal en caso de reducción del salario … Primero en la Cámara Baja el subsidio de R$ 200,00 fue revisado al alza con un valor de R$ 600,00 (EE.UU. $ 130,00).

En esta Pascua 2020 hemos alcanzado un alto número de 22,000 casos registrados y 1,223 muertes. Y la curva continúa subiendo en lugar de bajar. Desde el 5 de abril, ha habido más o menos cien muertes por día. Siguiendo los pasos del presidente, quien de nuevo salió este Viernes Santo a caminar en la ciudad, en algunas capitales y ciudades del país para que la gente lo vea minimizar las medidas de prevención. Aquí en Ipatinga, por ejemplo, el comercio ha reabierto sus puertas desde el 04 de abril, incluso donde no hay ninguna necesidad.

¿Tendrán que alcanzarse entre 800 y 1000 muertes por día para que el presidente tome conciencia de la real gravedad de la situación y decrete medidas más rigurosas? ¡No tiene sentido llorar sobre la leche derramada! En cualquier estado de conciencia, si las autoridades y la población no conjugan los esfuerzos para vencer la propagación de la pandemia lo peor no tardará en llegar, incluso si el presidente concibe al brasileño robusto y resistente, que puede sumergirse en las alcantarillas y emerger ileso. El futuro tiene aún mucho que decirnos.

JUSTIN MUNDUALA